Los políticos y su camino

Ceteris Paribus

LOS POLÍTICOS Y SU CAMINO

Por: Julio Raudales

Julio Cesar Raudales
Julio Cesar Raudales

Que la política suele ser sucia, sobre todo en contiendas electorales, no lo vamos a descubrir ahora. Incluso en países democráticamente maduros y bien constituidos, cuando llega la hora de la máxima disputa, los contrincantes se dan con todo.

¿Cuántas cosas no le dijeron a Obama cuando ha sido candidato? Las alusiones al color de su piel fueron levedades comparadas con las difamaciones que lo acusan de islamista y de comunista.

Como en el fútbol cuando se juega una final, la política tiende a desbordarse de sus cauces hasta el punto de que en algunos momentos puede llegar a parecerse a su madre: la guerra.

Comparar a la política con un juego no es un simple recurso metafórico. La política es un juego por la sencilla razón de que debe ser sometida a reglas y al igual que los juegos deportivos, arbitrada. Sin un buen arbitraje no hay regla que valga. Imagine usted una final entre  Olimpia y Motagua sin un árbitro. Si alguien sobrevive será simple casualidad.

Con una final electoral entre dos partes políticas podría ocurrir lo mismo. Por eso toda contienda electoral requiere de árbitros y un reglamento claro que todo el mundo esté dispuesto a acatar. En ese sentido al Tribunal Supremo Electoral le ha sido concedida la función de arbitrar en las elecciones y existe una Ley Electoral que debería ser adaptada a las condiciones naturales del país. Vale la pena preguntarse si a menos de 700 días para las próximas elecciones y escasos 12 meses de las primarias, nuestro Tribunal y Ley electoral están preparados para satisfacer las aspiraciones de una realidad política distinta a la que nos encontró en 2013.

En política, sin embargo, a diferencias del fútbol, hay otros elementos que intervienen en la regulación del juego. Ellos derivan de la propia naturaleza de la política, actividad constituida por líneas antagónicas pero también transversales.

En la política, en efecto, no solo hay enfrentamientos sino también, alianzas. Por lo mismo, a diferencia de la guerra, los antagonismos políticos no son siempre irreconciliables. Lo sucedido en Venezuela en el 6D es un claro ejemplo de cómo pueden cambiar las realidades cuando se liman diferencias en pos de un objetivo común.

En la política, para que sea política, no puede haber enemigos mortales. En la política el enemigo de hoy puede ser, si no un amigo, por lo menos un aliado de mañana. Así se explica por qué en la mayoría de las campañas electorales la autocontención de las partes puede ser tan efectiva como la contención que proviene de las leyes.

El año que recién comienza nos compele a legitimar el desarrollo ciudadano expresado en las elecciones del 24 de noviembre de 2013 donde quedó reflejado claramente la evolución nacional hacia el multi partidarismo y una clara tendencia ciudadana a buscar sus objetivos nacionales en vías que se alejan del tradicional conservadurismo en pos de un cambio que les señale mejores derroteros. Es un reto mayúsculo y no desprovisto de serios riesgos.

Por ello es necesario que se impulsen de manera rápida y transparente al menos dos reformas en lo que resta de la presente legislatura: La reforma o impulso de una nueva Ley Electoral que responda al momento actual; que permita una mayor y mejor participación y a diferencia de la actual, permita una real adaptación de los partidos emergentes al proceso eleccionario. Esto implica además un cambio en el paradigma participativo a nivel territorial, especialmente en la elección de diputados y alcaldes.

El otro elemento crucial deberá estar definido el próximo 25 de enero y es la elección de los 15 magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Es un deber ciudadano vigilar porque el proceso culmine lo mas impoluto posible, pero es un mayor deber de las autoridades garantizar la limpieza del mismo. Sin esto no habrá garantías de justicia en el mediano plazo y eso podría hundirnos como sociedad. Creo que Honduras no soportaría 7 años más con una justicia como la que hasta ahora hemos vivido.

Todos esos momentos deberán culminar en el objetivo principal: la democratización del país. Pero siempre paso tras paso, de modo civil, con la frente en alto y con la constitución en la mano. No hay ningún otro camino.

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