Análisis coyuntural: «Las dos Honduras»

PAREDES

Por: Marlon Ochoa / especial para CRITERIO 

opinion@criterio.hn

La mañana del pasado miércoles 16 de septiembre nos recibió con una noticia que tocó el nervio de la sociedad hondureña. Eduardo Montes, abogado de la funcionaria de mayor rango enjuiciada en la historia por el desfalco del Seguro Social, había sido asesinado. El presunto hechor: Rigoberto Paredes Vélez, ingeniero en sistemas, diseñador gráfico y simpatizante del movimiento de indignación ciudadana. Su padre, Rigoberto Paredes, ex viceministro de cultura, había sido víctima la tragedia que muchos hondureños siguen viviendo. El sistema de salud, debilitado por el desfalco y la corrupción del Partido Nacional, no había logrado asistir su enfermedad.

Es un hecho que no se puede justificar, y lo único que nos queda es exigir, quizá con una esperanza inocente, que a Rigoberto se le respete el derecho al debido proceso. Nos oponemos a cualquier tipo de violencia, y extendemos nuestra solidaridad tanto a los familiares del Abogado Montes, como a los familiares de Rigoberto Paredes Vélez. Pero hay que ver la imagen completa. Más allá de detener nuestras exigencias, este hecho nos obliga a profundizarlas, ya que tanto el primero como el segundo son víctimas del país en el que vivimos, en donde se manda a callar el disentimiento, y se premia la obediencia ciega.

Muestra de ello es el comunicado emitido por el Partido Nacional el pasado lunes, donde se acusa a la oposición de “promover únicamente el odio y la confrontación entre hondureños”, asumiendo así, que la crítica frontal al gobierno, es una apología a la división de nuestra sociedad.

Si, Honduras está dividida. Está dividida entre quienes se quieren seguir lucrando a costillas del pueblo, y los que ya estamos cansados de la corrupción y la impunidad. Entre quienes pueden pagar hospitales en Estados Unidos y quienes no pueden ni darse el lujo de contraer un resfriado. Entre quienes ponen magistrados en la Corte Suprema de Justicia y quienes hasta tienen miedo de interponer una denuncia. Entre quienes defienden los intereses de los primeros, y los que defendemos los intereses de los segundos. Entre quienes se esconden detrás de un Partido Político para asaltar al pueblo, y quienes día a día se levantan para poner pan en la mesa. 

Se retorcían en sus escritorios cuando, viernes a viernes, salíamos masivamente a las calles a exigir justicia. Son ellos quienes quieren que dejemos de exigir la CICIH.

Pero no nos engañemos ni nos dejemos engañar. Son esos primeros quienes nos tienen divididos, y es esa división la que hemos señalado gota a gota. Es obvio que a ellos, a los que tienen el poder, nunca les ha gustado la oposición. Se retorcían en sus escritorios cuando, viernes a viernes, salíamos masivamente a las calles a exigir justicia. Son ellos quienes quieren que dejemos de exigir la CICIH. Son ellos quienes quieren que dejemos de denunciar la corrupción de la que somos víctima todos los hondureños. Son ellos quienes quieren callar las millones de gargantas que hemos gritado clara y contundentemente “Fuera JOH” en las calles de nuestro país.

No saben que detrás de ese grito hay contenidos cientos de años de humillación, de pobreza, de exclusión y de indignación. Hoy, lastimosamente, hay dos Honduras, y sólo podrá ser una cuando haya justicia, cuando ver la sangre secarse en el suelo no sea nuestra única opción.

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