El New York Times y el Presidente

Por: Edmundo Orellana

Está alarmado por la publicación del New York Times, el Presidente Hernández. Nadie, estando en su lugar, estaría tranquilo. La “insinuación falsa”, como califica el comunicado presidencial la declaración del “Cachiro”, en un Tribunal Federal de Estados Unidos, no es cualquier cosa. Es parte de una causa en la que, supuestamente, el imputado se acoge al beneficio de ofrecer información fidedigna, implicando a otros, a cambio de que se le reduzca la pena.

En sus declaraciones señala directamente al Presidente Hernández, alegando que grabó la conversación con otro narco en la que le aseguró que se entregó dinero para su campaña presidencial. Es una declaración ante un tribunal gringo. No ante cualquier tribunal, sino ante un tribunal federal, con todas las formalidades que esa instancia exige. Por su importancia, la denuncia fue incluida en un artículo de investigación, en su publicación en inglés, el New York Times, periódico de alta influencia en el público estadounidense, por la veracidad de los hechos que reporta y por la profundidad y pertinencia de los análisis que ofrece.

Este tipo de declaraciones no tienen efecto en la reducción de la pena, si no van acompañadas de pruebas que acrediten la existencia irrefutable del evento referido. Desconocemos las interioridades del expediente, por lo que no tenemos elementos para dudar del beneficio que le asiste al Presidente, reconocido también en nuestra Constitución, de la presunción de inocencia.

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No obstante, quien confiesa haber participado en la perversión de la clase política nacional con dineros de la economía del crimen, es el capo más importante de entre todos los narcotraficantes hondureños. Es la versión catracha del mexicano “Chapo Guzmán” y del colombiano “Pablo Escobar”.

Se corrompió a políticos hondureños con dinero proveniente de los envíos de la droga hacia Estados Unidos. En otras palabras, de una operación de blanqueo de dinero sucio y de masivos actos de corrupción en los que están implicados políticos hondureños, algunos plenamente identificados por ese y otros reconocidos capos hondureños.

Ningún político puede alegar que ignoraba el origen del financiamiento proporcionado por los capos de la droga. Por lo que, de probarse quienes, efectivamente, recibieron aportaciones monetarias o en especie de ese u otro Cártel, se encontrarán en una situación muy delicada, por haber participado en los hechos que los tribunales federales gringos reclaman conocer y reservarse la potestad de juzgar a los responsables de los mismos.

El Presidente no es la primera vez que se encuentra en situación comprometida por sospechosos financiamientos electorales. Del infame latrocinio de que fue objeto el IHSS, se canalizaron recursos, supuestamente, para su campaña, hecho que él mismo, al anunciar públicamente la devolución del dinero, aceptó.

Ambos casos son vergonzosos. El del IHSS por las muertes, daños a la salud de los cuentahabientes del seguro social y la escasez de medicamentos, de equipo y de personal médico que sufren hoy los asegurados; el que denuncia el “Cachiro”, por interferir con la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Por ahora, repito, el Presidente goza de la presunción de inocencia. Es más, aun en el supuesto de que ese dinero, proveniente del crimen, hubiese llegado a la campaña del Presidente, habrá que suponer que éste no se enteró del mismo.

Si se recibió dinero de los “Cachiros” para la campaña del Presidente Hernández, solo los tribunales podrán determinarlo definitivamente. En el caso del IHSS, admitido el hecho, corresponderá a los tribunales identificar y, por supuesto, condenar, a los que recibieron el dinero sustraído ilegalmente de esa institución. Lo que, en el ámbito nacional, no debe preocupar al Presidente, por el férreo control que ejerce sobre las instituciones estatales. De la investigación gringa si debe preocuparse el Presidente.

El caso, sin embargo, no es meramente judicial. No queda en el ámbito legal o jurídico, simplemente. Por su alta investidura pública y por impulsar su inconstitucional proyecto continuista, el asunto reviste perfiles políticos de capital importancia.

Daños provocará la escandalosa denuncia del “Cachiro”, no solo a nivel nacional. Recuerde, el distinguido lector, que la noticia la ofreció al mundo el periódico más influyente de los Estados Unidos y uno de los más respetados y leídos en el mundo. Para evitar que los daños sean irreparables para el inconstitucional proyecto continuista del Presidente, ha comenzado, desde el Poder, una campaña tendiente a distraer al elector con las estridencias que acompañan las descalificaciones personales, injurias, difamaciones y calumnias, en contra de la oposición y los críticos a su gobierno, a quienes, no debemos descartar, por la falta de escrúpulos que ha mostrado este gobierno, hostigarán, sin escatimar recursos.

¡A prepararse, entonces!

 

 

7 comentarios sobre “El New York Times y el Presidente

  • el octubre 18, 2017 a las 10:10 am
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    La asquerosa cantidad de dinero que gastó el partido nacional en la campañas electoreras primarias y generales para la candidatura de JOH, no tiene forma de explicar su procedencia legal; ninguna autoridad hizo auditoría alguna porque el cohecho desbordó hasta los medios de comunicación. Cómo puede alegar desconocimiento si el era directivo del partido? Suponer que desconocía la procedencia de ese torrente de fondos insulta la inteligencia!

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  • el octubre 11, 2017 a las 10:17 am
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    De que sirve esta informacion si en Honduras loa medios de comunicación no informan al pueblo. New York Times no lo leen en Honduras en lugares desprotegidos , solo lo leemos lia que tenemos acceso a internet.
    Ya vienen laa elecciones y a este pueblo ignorante lo siguen engañando con una bolsa de comida y 50 lempiras porque la situación en esta nacion solo los que vivimos en Honduras la sabemos bien. Dios sea quitando lo que esta dañando a esta nación.

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    • el octubre 14, 2017 a las 10:21 am
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      ¿De qué sirve? Sirve para que los gringos lo extraditen.

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