¿Qué esperar de la observación ciudadana en estas elecciones?

Por: Thelma Mejía
 
Tegucigalpa.- Cada cuatro años, a medida que se acerca el proceso electoral, surgen las llamadas veedurías ciudadanas para ver cómo pinta el proceso, qué ofrecen o qué proponen los aspirantes políticos. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) suscribe convenios con diversas organizaciones nacionales e internacionales para que al momento del trabajo el llamado “Día D”, los observadores no tengan inconvenientes.
 
Pero este año, el proceso electoral de noviembre próximo tendrá algunas particularidades desde la veeduría ciudadana. Habrá las tradicionales que el día de los comicios registran cómo estuvo la votación, observan en las mesas electorales el comportamiento de sus integrantes frente a los electores y las facilidades que éstos últimos pueden tener para ejercer el sufragio libremente. Recogen las quejas y denuncias, registran los inconvenientes. Los informes vienen posterior al proceso.

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Esa ha sido como la tradición de la observación electoral desde la ciudadanía. No obstante, la cuestionada figura de la reelección presidencial y la entrada de una alianza política de dos partidos más una candidatura independiente a nivel presidencial, junto a más de cuarenta candidaturas independientes a nivel electivo municipal, hacen que la veeduría ciudadana cobre nuevos bríos.
 
La primera en anunciar una veeduría de más largo aliento antes, durante y posterior al proceso electoral, fue la Coalición de Observación N-26, una instancia no partidaria conformada por un conglomerado de instituciones civiles, de la iglesia católica, académicas, mujeres, comunidad LGTBI, expertos en economía y finanzas, y comunicaciones, que tienen como fin común ofrecer una lectura más reposada y no partidaria del proceso electoral y los desafíos que enfrenta el país.
 
Cada una de las instituciones que integran la Coalición de Observación N-26 desarrollará su propia línea de trabajo que será complementario para ofrecer una visión amplia y profunda de cómo nos agarra este proceso. Los discursos de los candidatos, los planes de gobierno, la coherencia en sus programas, la ley de la política limpia, el gasto en campaña electoral y si financiamiento, el tema de la igualdad paritaria, la inclusión o discriminación hacia los grupos de la comunidad LGTBI, entre otros, serán parte de esa visión integral que busca la Coalición de Observación N-26. Alertas e informes serán parte de los insumos de esta forma de veeduría ciudadana.
 
La Coalición de Observación N-26 ya lanzó su primer informe de cómo apunta el actual proceso, mismo que ofrece una visión global del arranque, la conflictividad que ha precedido a estos comicios, la demagogia electoral y el reto del TSE de garantizar elecciones confiables y transparentes sin la sombra del escándalo que acompaña a Mapa Soluciones.
La Coalición de Observación N-26 nos dice que vamos a un proceso en donde la participación de la mujer es menor en relación a otros años y a existir una ley de paridad e igualdad; que el derroche de campaña tiene un techo límite de más de mil millones de lempiras, que los miembros de la comunidad LGTBI siguen siendo discriminados y están en las franjas de mayor desigualdad en términos de participación política por el estigma y la discriminación.
 
La ausencia del discurso, traducido por ahora en enunciados, son otras de las aristas del informe de la Coalición de Observación N-26. Un último informe relacionado con el presupuesto y sus canales para el financiamiento electoral elaborado por el Foro Social de la Deuda Externa apunta cómo la cultura del gasto se impone sobre la del ahorra en épocas de elecciones. Los datos expuestos en ese informe hablan por sí solos. Los movimientos del presupuesto de la Presidencia de la República son sustanciales.
 
De un presupuesto aprobado de un poco más de 916 millones, en enero de este año, el mismo sufrió una modificación y pasó a un poco más de 938 millones. En marzo se dio una nueva modificación y el monto subió a un poco más de 941 millones para tener al 31 de agosto de este año, otro aumento que registra ya los más de mil 300 millones de presupuesto. De este monto, según el informe del Fosdeh y la Coalición de Observación N-26, el 95.7 por ciento ya ha sido ejecutado.
Pero no solo la Coalición N-26 anuncia un tipo de veeduría diferente. Las mujeres organizadas junto al Centro de Estudios para la Democracia (Cespad) han lanzado su plataforma denominada “Poletika” para medir el discurso presidencial en torno a los temas que afectan a la mujer y el deseo real de incluirlas más allá de sujeto votante cada cuatro años. Ellas también anuncian su evaluación del proceso desde la visión particular de sus intereses.
 
Otro que se suma con herramientas de medición a los presidenciables es la llamada Iniciativa 3×3 que impulsa la Asociación por una Sociedad más Justa (ASJ) y la Alianza por la Paz y la Justicia (APJ), que busca que los aspirantes políticos rindan voluntariamente sus declaraciones patrimoniales, tributarias y de interés. Han credo una plataforma accesible a fin de que todo mundo pueda ingresar y monitorear desde ahí quién quiere rendir cuentas. Es el primer ejercicio de su índole que se realiza en Centroamérica.
 
Son las mediciones cuantitativas y cualitativas a las que está apostando un amplio sector de la sociedad civil, consciente que en la veeduría electoral ya no basta con el registro si el día de los comicios todo estuvo en orden o si la afluencia fue masiva. Si bien todo ello cuenta, la sociedad hondureña demanda un paso más adelante.
 
La veeduría ciudadana debería indicarnos a los hondureños si en temas de lucha contra la corrupción y el crimen organizado, el país tiene esperanzas de avanzar o el tema sigue siendo marginal en los discursos; debe orientarnos si el problema de la seguridad será resuelto con mano dura, mano súper dura o mano inteligente. Si la economía realmente podrá despuntar positivamente, más allá de las promesas empresariales y gubernamentales de crear nuevos empleos.
Si uno ve los registros de los medios de prensa, no hay mes que no se informe de nuevos empleos: que si 200 mil, que si 1000 nuevas plazas y así sucesivamente se repiten los datos. Si uno hace la suma de todos los empleos generados o por generar que registra la prensa tomando en cuenta las declaraciones oficiales y empresariales, creo que solo en el 2017, Honduras ya ha generado ¡más de un millón de empleos!
 
De ahí la importancia para este proceso electoral que la veeduría ciudadana eleve el nivel de crítica propositiva y lectura, porque de Macondos, ya está muy llena Latinoamérica.

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