El dilema cívico de San Pedro Sula

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

La democracia es buen gobierno de la mayoría con una ley justa, gestión sensible a las necesidades compartidas y a los imperativos del desarrollo. Concilia los intereses contrapuestos sin atropellar ningún derecho y deja trabajar a todo el mundo, vigilando que nadie haga daño.

Buen gobierno tenía todavía S.P.S. de los 1960s y luego en los 1980s cuando lo disponíamos, los ciudadanos. Lo perdimos.[1] Ya era difícil gobernar San Pedro Sula entonces. Había muchos intereses poderosos que presionaban para que se hiciese lo que les convenía a ellos, no necesariamente al interés general. Al mismo tiempo, surgían necesidades enormes de grandes y distintos sectores de población. Desde mediados de los 1990s se armaron las maquinarias de los partidos, redes de patronazgo y clientela que reclutaban padrinos, socios y activistas, para carne de cañón.  Hoy sufrimos las consecuencias de gobiernos cautivos de esas clientelas, dedicados a satisfacerlas. El actual no es excepción.  ¡Que bien que se pavimentó la 27!  ¡Ayudó un rato, el nuevo anillo! Pero se nos quiere deslumbrar con los signos externos y el brillo del concreto.

En parte, por su aversión ante esos partidos tradicionales, la ciudadanía de San Pedro Sula no ha logrado una asociatividad eficiente en el ámbito cívico. Acuerpó recién al PAC y lo perdió, a manos del bipartidismo. El fenómeno de las antorchas puso de manifiesto su inconformidad, pero no era capaz de recuperarle el control. Los partidos hambrientos de votos y poder continuamente pescan en el río revuelto de la miseria popular y la corrupción empresarial. Y cuando se aclara un poco el agua, la vuelven a enturbiar. Los políticos individuales se acomodan, le aprenden al trámite, como dice Alfaro, y se vuelven cómplices. Esa situación se ha venido degradando desde fines de los 90s y ha degenerado en grandes escándalos de corrupción de los dos partidos tradicionales que han gobernado. No voy a inventar ni a ensañarme con nadie. No me interesa dañar a persona alguna. Soy un cronista. Muestro hechos juzgados o en proceso y los admitidos por los protagonistas de esta historia sucia, de medios y periodistas procaces vueltos políticos, corruptos, confesos y solapados.

Preso por sentencia firme del juzgado, Oscar Kilgore alcalde de la ciudad en tiempos de Riki Maduro y su padrino fue sacado de bajo de la mesa, imputado por gravísimos delitos contra el interés publico, malversación y enriquecimiento ilícito por los que ha sido condenado. Varios de sus ejecutivos están igualmente inculpados de delitos diversos de corrupción. Aunque ha salido mejor librado, se ha enjuiciado repetidamente a Rodolfo Padilla por disponer en forma indebida de recursos corporativos. Y ha tenido que admitir, ejemplo, el préstamo indebido a la ex Jefa de Control de Ingresos, Ada Muñoz, a su vez condenada por malversación, abuso de autoridad y defraudación. A ella y a otros varios corporativos se les ha documentado el nepotismo. Sin que termine ahí la canción. Que hay otro par de alcaldes a los que habría que enjuiciar por no haber hecho nada.

Varios actuales munícipes y aspirantes al gobierno de la ciudad son cabezas o socios de esas mismas maquinarias políticas, que cobran su propia vida y se cuelan en nuevas estructuras. Varios son sospechosos de diversas clases de corruptelas, de aceptar donaciones políticas pandas, de instigar invasiones o de lavar dinero chuco. En su sitio web el C.N.A. (www.cna.hn.index.php/2015-01-03-20-26-17)   tiene  posteadas  media docena de líneas de investigación en la alcaldía actual por sobrevaloración de contrato, uso de empresas fachada y testaferros. Se investigan señalamientos de contubernio para traficar con concesiones y licencias, dándole la espalda al interés general en asuntos tan cruciales como los ambientales. Ciertamente, estos municipes han autorizado obras que -sin utilidad publica- amenazan los recursos naturales de la ciudad,  rellenos  con desperdicios en los ríos y urbanizaciones en las áreas de carga del acuíferos, sin las medidas de protección requisitas.  Sonrían. La cámara no, ¡La historia los esta mirando! Y es multitudinaria. Y la gente honrada.

¿A cuantos beneficia levantar la Cota que veda la construcción en El Merendón? Mientras tanto las aguas negras inundan los barrios pobres de la ciudad con cada tormenta. No quiera Ala que nos visite un Harvey, como antes Fifí y Mitch sin que funcionen los drenajes, que tienen un cuarto de siglo de prometidos. Aumentaron los impuestos, las tasas y los peajes. Derrocharon fondos propios y prestados, pagando asesores innecesarios, alquilando locales comerciales caros, comprando vehículos, por centenares para comodidad de burócratas y lucro del distribuidor, agradecido. ¿O miento? Pero no hay servicios elementales, ni siquiera de procesamiento de aguas negras, sin lo cual no se es ciudad.

El transporte público es un caos. No hay parques naturales que sirvan de pulmones. No se respeta el espacio público. No hay luz en las calles que son cráteres y barrancos. Se multiplican los tramites y cuesta un mundo y muchos meses en obtener un permiso para abrir un negocio. En vez de ayudar a prevenir o perseguir delincuentes, los municipales son policías que extorsionan al que tiene una trucha o una venta de fruta. Como efecto del mal gobierno, de un cuarto de siglo para acá la ciudad que todavía en los 80s crecía más que cualquiera entre Mérida y Medellín, perdió su dinamismo. Hoy pese al circo, San Pedro es un sitio triste. No hay empleo. Tiene infraestructura pero es una de las más peligrosas urbes del mundo.

Lo ideal hubiera sido juntarnos todos contra el continuismo. Pero la plebe ágrafa que no es la mayoría -sino una  mera concentración- grita siempre el nombre equivocado, ¡Barrabas! y aúpa el pauto.  No recuerdo, para citarlo, quien dijo primero que peores que los políticos corruptos, son los ciudadanos que los toleran, los encubren y los reeligen. Los de San Pedro Sula tienen hoy un dilema. Rescatan su ciudad con un gobierno nuevo, prepositivo, limpio. O la dejan perder para el futuro visible en manos de quienes -habiendo estado en el poder corporativo desde hace años- para conseguir votos prometen ahora si remediar males antiguos. Recuperemos el control. Devolvámosle a nuestra ciudad su carácter y su virtud. Su brillo y su alegría. Rescatémosla para la posteridad. Ya se nos agradecerá. Nada esta perdido. Con un voto contra los mismos y los mismos de antes, destapamos el caño e iniciamos vida nueva. Necesitamos gente humilde, pero a la mayoría de sampedranos nos van a tener que contar en la urna. Ahí esta el mal y ahí también, el remedio

 

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