Changel, o el eterno retorno del caudillo

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Tampoco los liberales en su mayoría saben ya quien fue. Eso es un poco extraño. Acaso es la última de sus derrotas. Porque aunque no nació en circunstancias que lo predestinaran, como líder providencial,  entre 1919 y 1949 nadie en Honduras pensó que jamás pudiera olvidarlo, a Changel, la posteridad.  Más bien obedece esa amnesia a que las nuevas generaciones son ágrafas, desmemoriadas. No se molestan ni en escuchar a sus abuelos ni mucho menos leen la historia de sus instituciones. Ni tantito.

Así la gran mayoría de los lectores de esta nota no tienen idea de quién fue Changel, con mas propiedad, José Ángel Zúñiga Huete (1885 1953) en su momento, aclamado líder indiscutible del Partido Liberal de Honduras, como también, paladín, León del Liberalismo. Siguió recibiendo JAZH esos títulos beneméritos por parte de los historiadores oficiales y los cabezas del P.L. hasta los tiempos en que yo participé en su política, de 1992 a 2009. Su hijo Ayax (¿quién nombra así a un hijo?) editó bajo C.R. Reina El Pueblo y luego fue nuestro embajador en México. Pero había pasado medio siglo desde su salida -de Zúñiga- y ya eran entonces su figura, su apodo y su época… recuerdos vagos.

Déjenme presentarlo con una biografía sintética. Debe haber sido alumno también de Policarpo, porque todos los liberales del primer tercio del siglo lo fueron. Pero Changel comenzó su carrera y participó activamente en política partidaria como líder de la juventud liberal en 1902 y como seguidor de Juan A Arias. Salio al exilio cuando Manuel Bonilla derrocó a ese presidente violentamente. Regresó un año después desde Guatemala. Retomó sus estudios pero tuvo que volver a salir al exilio luego de publicar un artículo que trataba de movilizar ciudadanía contra la dictadura sucedánea de Bonilla, de Bertrand Barahona en 1913.

Entonces se fue a Costa Rica, donde culminó sus estudios profesionales de abogacía y de donde, quizás inspirado por la Revolución Tica contra el General Tinoco de 1918, regresó otra vez y contribuyó, en la Revolución de 1919, al triunfo de Rafael López, Pacan, quien -por sus meritos, incluso marciales- lo nombró Ministro de Gobernación y ejerció Changel  la comandancia de armas hasta 1924, cuando enfrentó heroicamente en Tegucigalpa a las tropas de los caudillos alzados, resentidos con el centralismo de López G. De 1929 hasta 1931 Changel fue Ministro Plenipotenciario del Presidente Mejia C., y rápidamente, aunque no tenía una base de poder evidente, se convirtió en candidato del P.L. quizás porque nadie más quería asumir ese reto triste en 1931 cuando al gobierno Liberal le había tocado ceder a las presiones de la United Fruit para reprimir a los obreros y para renunciar a la parte de las concesiones que beneficiaba al pais como en la rescisión del contrato del Ferrocarril de Trujillo, según explicaba Changel a su amigo Froylan Turcios. (Vid Funes, 2006)

Contra Tiburcio Carias (quien obtuvo como ha demostrado Emilio Guerrero el apoyo de los obreros comunistas)  Changel perdió las elecciones de 1932, y salió a su tercer exilio ahora a Nicaragua y el cuarto más largo, a México por la duración de la dictadura hasta 1949, diez y seis años y pico. Pensó incluso ganar las elecciones de 1937 cuando sin embargo Carias hizo cambiar la constitución para continuar en el poder. Terminó resignadose Changel y dedicó años de su exilio a varios ejercicios literarios, en colaboración con Celeo Arias, publicó un par de libros, como Presidentes de Honduras, Un capítulo de la historia nacional… y asimismo un ensayo sobre Francisco Morazán, su ídolo.

Luego de la salida de Tiburcio Carias, su Némesis, Chagel regresó otra vez…ya un poco cano, calvo y cansado aun si todavía perfectamente vestido, con cadenas de oro y otras joyas varoniles… a ser candidato liberal a la Presidencia en 1949. Pero el Partido estaba desorganizado, carecía de recursos y Zúñiga se retiró de la elección que preveía fraudulenta, contra Juan Manuel Gálvez, en realidad para no perder contra la imagen que Gálvez –su antiguo compañero de aula– se había forjado, de ser el bueno de Carias y un genuino demócrata.  Y esa fue su última participación, de modo que, al salir de la escena en 1949, Zúñiga… había estado casi treinta años en el primer plano, había perdido todas las elecciones, como el general que ha perdido todas las batallas, el empresario que pierde todos sus capitales.

No es clara la causa de ese rotundo y repetido fracaso del León. El Partido Liberal era muy fuerte. Zúñiga era considerado una persona cultay había probado tener virtudes personales, una indudable lucidez, quizás brillantez intelectual, un patriotismo acérrimo, una valentía incluso con las armas en la mano. Lo elogiaron como su opción, personas de  criterio y merito como el propio Rafael Heliodoro Valle al menos en 1931 frente a Carias. Y como F. Turcios que sin embargo le advirtió las dificultades que no percibía el líder  cuando Changel se hizo ilusiones de ganar la presidencia en las elecciones de 1937 (una brillante perspectiva para nuestro partido, dice) y en realidad no tenía ninguna opción de triunfo. Aunque para 1949 Heliodoro ya no creía en él. Sin duda en el triunfo de sus adversarios incidió –como advertía el propio Changel– el apoyo de Zemurray para Carias primero y para Gálvez después. Pero dice lacónicamente un honesto admirador, también el electorado le dio la espalda.

El eterno candidato y el líder largamente frustrado padecía de cierta facilidad para engañarse a sí mismo. Previo a perder rotundamente las elecciones de 32 (Carias había ganado otras anteriores y gozaba del apoyo de todos los caudillos) JAZH le comunica a Rafael Heliodoro Valle su impresión acerca del entusiasmo avasallador del liberalismo con su candidatura. Acaso influyó también para frustrar sus anhelos su estilo  personal de Zúñiga, pagado de sí mismo en extremo, incongruente en tanto que idealmente liberal pero en la práctica impolítica, como ha demostrado el historiador López Contreras. Quien documenta su presunción apenas velada, su confianza desmedida en sí mismo, rayana en y alimentadora del autoengaño. Esos eran defectos que no le habían estorbado ser un buen profesional, mejor jefe en el campo de batalla y aun respetuoso ministro de gobernación, pero no le permitieron hacer las alianzas y resolver las contradicciones personales que necesitaba para ganar elecciones que empezaban a ser disputables.

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