Álvaro Uribe y el resurgimiento de la derecha en América Latina

Un libro del senador de izquierda Iván Cepeda evalúa la figura del expresidente de Colombia y su influencia en la política de la región

Por: Redacción CRITERIO

redaccion@criterio.hn

Iván Cepeda, senador de la izquierda colombiana
Iván Cepeda, senador de la izquierda colombiana

Iván Cepeda (Bogotá, 1962) es uno de los máximos representantes de la izquierda en Colombia como senador por el partido Polo Democrático. Reconoce la restauración conservadora que se está dando en la región y la crisis por la que atraviesa el sector que representa. Dice que el expresidente Álvaro Uribe, con quien ahora comparte sesiones en el Congreso, es uno de los máximos líderes de la derecha que está retomando fuerzas en el América Latina. Y así lo plantea en el libro Uribe y la derecha transnacional (B Ediciones, 2015) en el que junto al sociólogo colombiano Felipe Tascón expone cómo en la reagrupación de la derecha política latinoamericana el expresidente Uribe ha sido una figura relevante.

“En los últimos 13 años Álvaro Uribe Vélez pasó de ser un personaje casi desconocido fuera de las fronteras de su país a ocupar un lugar protagónico en la derecha latinoamericana, especialmente entre sectores emergentes, terratenientes locales, círculos empresariales y líderes políticos ultraconservadores”, se lee en el texto.

Cepeda explica que “después de una hegemonía de izquierda en varios países de Latinoamérica, empieza a haber un relevo de gobierno, donde es visible que la derecha internacional en América Latina y en el continente está retomando fuerzas y Colombia tiene un papel importante”. Según él, la estrecha relación de Colombia con Estados Unidos, que se fortaleció con Uribe como presidente, y la discordia con los países, también durante su mandato, hizo que el país andino cobrara un lugar importante en el momento político que hoy vive el continente.

Recuerda que durante los dos años finales de su último gobierno, se mantuvieron rotas las relaciones con Venezuela. También habla de sus desencuentros con Ecuador y de cómo las tensiones con el Gobierno de Rafael Correa se dieron desde el comienzo. “Durante la primera campaña que lo llevó a la Presidencia, Rafael Correa marcó diferencia con (Lucio) Gutiérrez, su predecesor. Una de sus consignas fue la creación del Plan Ecuador de paz y desarrollo, para oponerlo al Plan Colombia asimilado popularmente con la exportación de la guerra colombiana”, señala en el libro.

Panamá, también según el autor, fue clave para fortalecer el modelo de Uribe. Desde la llegada de Mireya Moscoso a la presidencia de ese país (1999-2004), le ofreció ayuda en la lucha contra el terrorismo y Uribe, recién posesionado, le expresó su voluntad de fortalecer la cooperación en materia de seguridad. Uno de los aspectos sobre los que más enfatizó en sus gobiernos, según Cepeda.

“Uribe reescribió la historia del país, al desaparecer del léxico toda referencia al conflicto armado, reemplazándolo por el terrorismo, e incrementando la visibilidad de la guerra, la política de seguridad democrática significó el más fuerte proceso de militarización que ha vivido Colombia, de fortalecimiento de las fuerzas armadas, pero también del estímulo de la ‘parainstitucionalidad’, concretamente a partir de la militarización de la vida civil”.

Para el final del último periodo como presidente de Uribe, según la investigación, las Fuerzas Militares contaban con 427.847 soldados y policías, el entrenamiento de 72.000 militares por parte de instructores estadounidenses, operaciones militares “extraterritoriales” con asesoría y participación de las agencias norteamericanas y la presencia de cerca de 4.000 mercenarios traídos a Colombia.

Seguridad, la bandera de Uribe

“El liderazgo de Uribe y su convicción de que la guerra debe ser la única forma de tratar los conflictos emerge en un momento internacional muy importante. Coincide con el 11 de septiembre de 2001 y la irrupción de la ideología del antiterrorismo por parte de Estados Unidos”, dice Cepeda. Destaca cómo el triunfo de la oposición venezolana en las elecciones parlamentarias y de Mauricio Macri en Argentina “encuentra en Uribe a un amigo con un discurso que acuña esas fórmulas de la seguridad democrática, que no es otra cosa que la legación de la autoridad en los particulares, la confianza inversionista, la idea de que para que el capital trasnacional logre las mejores condiciones hay que abrir una especie de vacío social”. Según el senador, “esa combinación de ideas hace que algunos de la región vean con simpatía al ahora senador Uribe”.

El senador Cepeda y el expresidente Uribe se han acusado mutuamente en instancias judiciales en el pasado. Cepeda ha hablado de vínculos de Uribe con el paramilitarismo y este ha dicho que Cepeda es un aliado de las FARC. Hasta ahora los señalamientos de ambas partes no han trascendido en el plano de la justicia.

Cepeda también intenta con su libro llamar a una reflexión a la izquierda en América Latina. “La izquierda ha cometido errores sobre los cuales tiene que reflexionar, ha ejercido el Gobierno en algunos países durante muchos años y ha acumulado varios problemas, hay que pensar en las políticas con desarrollo económico, se ha aplicado una política de Estado de beneficencia pública sin desarrollar verdaderas políticas sociales, se ha permitido, en algunos casos, la corrupción”.

Sin embargo, según Cepeda, lejos está el fin de la izquierda. “Yo le diría a los que creen que murió la izquierda en la región y particularmente en Venezuela, que no se hagan ilusiones, que ahí siguen existiendo corrientes sociales muy poderosas. En un futuro próximo cuando hagan una reflexión introspectiva y crítica van a volver”, dice el senador, que destaca que mientras en la región la oposición a gobiernos de izquierda ha prosperado, en Colombia ocurre lo contrario.

“El Centro Democrático, movimiento político liderado por Uribe, tuvo una derrota en las pasadas elecciones regionales”, recuerda. Para Cepeda, el expresidente colombiano, con quien se ha enfrentado ideológicamente, está ahora frente a dos caminos. “O se mantiene como un confrontador de los diálogos con las FARC, en donde no se descarta que su carrera política sea derrotada por la paz, o decide ser parte de los arquitectos de la paz en Colombia”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *