Corrupción e impunidad juntas de la mano en Honduras

Periodista hondureño y defensor de DD.HH.

Por: Andrés Molina*

 

Tegucigalpa.- La historia de Honduras está marcada por diferentes actos de corrupción que han marcado la vida de las hondureñas y hondureños de tal manera que el resultado más inmediato, es que millones vivimos en la pobreza, mientras un reducido grupo vive entre la ostentación y el derroche de lo robado.

Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “Panorama Social de América Latina 2014” indica que Honduras es el segundo país con mayores índices de pobreza del continente.

El primer acto de corrupción que recoge la historia,  es la famosa contratación de un préstamo con los ingleses, para la construcción de un ferrocarril interoceánico por un monto de 27 mil Libras Esterlinas que nunca llegaron a ingresar siquiera a las arcas del Estado, gobernado por el dictador José María Medina.

Desde entonces,  han sucedido diferentes actos de corrupción tan vergonzosos que sin embargo, cada vez que ocurre uno nuevo no deja de sorprendernos, por la creatividad de los corruptos y por la impunidad histórica con que se ha cometido cada robo al erario público. Los historiadores no terminan de escribir un hecho, cuando aparece uno nuevo que supera al anterior.

Una de las principales características de la corrupción y los corruptos es la impunidad absoluta con que han actuado históricamente en el país, a pesar que investigaciones realizadas por terceros países han demostrado en los tribunales la existencia de los mismos.

Un ejemplo de ello es que cuando estalló el escándalo del bananagate, el gobierno norteamericano investigó el soborno y el presidente de Chiquita, Eli M. Black, cayó del piso 44 de un edificio en Manhattan, en un aparente suicidio. En Honduras no pasó nada, a pesar que según medios norteamericanos, se comprobó que se había pagado un soborno a los altos funcionarios de la administración de Oswaldo López Arellano, los supuestos responsables han escalado los más grandes puestos dentro de la gremial empresarial.

Uno de los últimos episodios investigado por autoridades norteamericanas es el caso de un soborno en la Estatal empresa de telecomunicaciones Hondutel, donde el gobierno de EEUU hizo lo suyo, en Honduras, la Fiscalía General del Estado nunca dio a conocer de quien se trataba el testigo B y la impunidad se mantiene en el caso.

Es bien claro que la falta de moral pública, se ha visto reflejada, tanto en quienes han ostentado el poder político como el económico, los grandes empresarios de este país, con rarísimas excepciones, han sido cómplices y responsables de grandes atracos al erario público, prueba de ello es que los acusados de corrupción son acogidos en el seno de los grupos empresariales,  sin ningún tipo de reparo.

Esa corrupción histórica de la clase dominante, sumada a la impunidad generalizada sobre este tipo de hechos, terminó siendo impuesta y aceptada como una sub cultura que se impregnó en casi toda la población, donde el ladrón que roba al pueblo “le entiende al trámite”, una especie de halago a los delincuentes, mientras las personas honradas son vistas de menos.

En esa exaltación de los corruptos se puede ver a los  grandes ladrones de este país ocupando las portadas de las más glamorosas revistas de sociales, disfrutando del dinero robado como si se tratase de señores o señoras honorables, incluso algunos son consultados sobre moral y ética pública.

Para lograr la impunidad en el país los corruptos han estado íntimamente ligados al poder político y económico del país a través del Partido Nacional y el Partido Liberal.

Los últimos escándalos de corrupción el Instituto Hondureño de Seguridad Social IHSS y la Secretaría de Salud, muestran esa conexión entre grandes empresarios, el Congreso Nacional y sectores políticos influyentes, no es casualidad que el robo al Seguro fue originado en un decreto del soberano Congreso Nacional.

Es como un secreto a voces que,  en Honduras quienes han acumulado grandes cantidades de dinero, lo han hecho mediante la utilización de las “habilidades inmorales” a través de actos de corrupción que tienen un matiz de legalidad, pero que son inmorales completamente.

Es difícil obtener una explicación razonable, de cómo algunos de los que ahora son denominados grandes empresarios, que llegaron a vender retazos de tela en el mercado o a vender ropa interior como reconoció uno de ellos, en veinte o treinta años tienen más dinero que familias que tienen empresas de 50 años de antigüedad.

Por eso es necesario recuperar la política como una ciencia social al servicio del pueblo y no de reducidos grupos que controlan el poder, restablecer la moral pública en todos los actos del Estado, la honestidad y la ética pública, caso contrario seguiremos viendo como un reducido grupo tiene el control de todos los recursos que le pertenecen a todos los hondureños y hondureñas.    

*Periodista hondureño y defensor de Derechos Humanos

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