Celebración de día de los muertos en Honduras tiene diversos matices

Por: redacción CRITERIO

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.-En Honduras la tradición está marcada por la visita a los camposantos, donde los familiares colocan flores, limpian las sepulturas y mausoleos y dicen sus oraciones, para pedir por los familiares que se les adelantaron en el viaje eterno y cada región tiene sus propias características.

Comenzaremos viendo el occidente del país, característicamente en los poblados lencas, se acostumbra esperar la llegada de las fechas con ayote endulzado con panela (rapadura de dulce) y canela y colocado en ollas de barro que se dejan cerca de las puertas de entrada a las casas para que los muertos puedan degustar los sabores y compensar la generosidad con cosechas abundantes, estos en los municipios de Copán, Santa Bárbara y Lempira, donde aún conservan este ritual.

Y hay una letanía que dice así: “Ánimas somos, del cielo venimos, ayote pedimos si no nos dan, no cosecharán”,

A los menores de edad fallecidos se les ofrenda el día uno de noviembre con palmas y flores blancas en señal de la pureza de sus almas.

Cementerio general de Tegucigalpa
Cementerio general de Tegucigalpa

En la capital de Honduras, Tegucigalpa es la expresión más antípoda. Hay cementerios donde descansan los olvidados, donde las fosas son comunes y yacen centenares de víctimas de la violencia que impera en el país a causa de las drogas y el crimen organizado.

También están los cementerios para los pobres o los olvidados por la fortuna o por la familia, ejemplo de ello es el “Divino Paraíso”, estos en su mayoría no reciben flores, ni visitas o la oración de sus seres queridos.

En el antañón cementerio general de Tegucigalpa, se encuentran los restos de muchos próceres hondureños y personajes que marcaron la historia. Hondureña, tales como ex presidentes, poetas, dictadores, mujeres connotadas, académicos, escritores, y también malhechores célebres.

El cementerio General fue iniciado en 1877, pero es a finales de los años 20 que se levantó su fachada con aires coloniales. Allí también descansan ciudadanos comunes que son visitados por sus familiares.

Con el crecimiento de la población, el modernismo y el paso del tiempo, vino la construcción de nuevos y lujosos cementerios en la capital hondureña y otras ciudades del país, donde los diseños son arquitectónicos y decorados con exquisitez, pero morirse y descansar en esos panteones cuesta como decimos en Honduras “un ojo de la cara”.

En el departamento de El Paraíso encontramos el municipio de Morocelí, que en lengua náhuatl significa “Río de Gorriones”, ubicado a sólo 60 kilómetros de Tegucigalpa, con unos 15 mil habitantes aproximadamente y con una población principalmente pertenecientes a la religión católica y devotos del Cristo Negro.

Aquí se conserva la tradición de ofrendar a sus muertos con tradicionales coronas elaboradas por floristas locales que aún hacen las flores con espelma en un ritual que casi ha desaparecido en el resto de Honduras.

En el sur de Honduras, especialmente el departamento de Valle mantiene vivas sus tradiciones para recordar y homenajear a sus muertos.

Los sureños celebran con música a sus muertos
Los sureños celebran con música a sus muertos

En el municipio de Goascorán, uno de los más tradicionales poblados, se rinde homenaje a los muertos con música de banda que también se conoce como “churrumchunchun”.

Esta tradición lleva ya por lo menos seis generaciones de músicos de la banda de Goascorán que llenan desde hace más de 130 años, la necesidad espiritual de los pobladores de la región. Los pobladores se apostan en los cementerios los días 1 y 2 de noviembre y allí, en torno a las tumbas, platican, comen, cantan y elevan sus plegarias tras colocar coronas de ciprés y así recuerdan a sus difuntos.

Cementerio de Juticalpa, Olancho.
Cementerio de Juticalpa, Olancho.

En Olancho, el departamento mas grande de Honduras con mas de 24 mil kilometros de extension territorial y ubicado al nororeinte de Tegucigalpa,  la celebración es más sencilla y la tradición se va perdiendo poco a poco, sin embargo siempre es considerable la cantidad de personas que visitan los cementerios para llevar flores a sus deudos. La tradición de las coronas de espelma casi ha desaparecido y ya no se ven muchas coronas sobre las tumbas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *